No era capaz de cambiar su situación y le faltaba la paciencia para sobrellevar su destino estoicamente. Despacio, se tranquilizó con el tibio y húmedo aire primaveral y se enfrascó en sus fantasías. Un día, soñaba Rosalie, despertaría por la mañana y los días ya no serían grises como hasta entonces sino de un color intenso. Un día, la sangre correría por sus venas con la dulzura del champán. Un día huiría de su prisión invisible. Un día, todo cambiaría.
Cuando ese día llegó, no tuvo nada que ver con lo que ella había esperado.
Lisa Kleypas
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